Haciendo Tiendas
Por Pedro Pinyol
Tomó en su mano cordel y aguja y empezó a coser una nueva tienda. Enhebraban sus pensamientos cada tramo de tela. Hila que te hila, sus manos, cordel y aguja. Construían lo que le permitía sostener su ministerio y su vida. Hilo de grana, remache de plata, adorno de latón, bordón de lino. ¿Qué debía pasar por su mente entre urdimbres? ¿Qué ocupaba su corazón mientras sus ojos seguían la hechura de la tela? Tal vez la lejana Iglesia en Corinto, el temor de los hermanos en Galacia, el gozo de aquellos en Ponto las preguntas de los fieles en Efeso. Las mil y una luchas de los judaizantes, de los abnegados estoicos de los herejes gnósticos. Zurcido, hilo y lana, sus pensamientos volaban tras la visión de su vida: el ministerio.
Pablo, el viejo Pablo, seguía haciendo tiendas...
